HISTORIA

En nombre del cielo, de la tierra y de los hombres que la trabajan.

La vigne

HUBO UN TIEMPO EN QUE LA VIÑA LO ERA TODO

Los hombres y las mujeres de entonces se reunieron y pusieron su fuerza y su valentía en común. Esculpieron la montaña y colocaron terrazas en sus vertientes. Desbrozaron, removieron la tierra y plantaron, esperando que la naturaleza les fuese pródiga.

Y luego construyeron una bodega, su bodega, una bodega a su imagen..

A fuerza de brazos apilaron las piedras y levantaron muros ciclópeos. Hasta el límite del equilibrio, y cuando hubieron acabado, se dijeron que estaba bien, entonces sellaron el acuerdo. Como para desafiar a la adversidad, como un grito a la universalidad, crearon el emblema. Un globo terráqueo, dos manos entrelazadas y una máxima para la eternidad:

«Todos para uno y uno para todos.» Este sería su porvenir.
Tous pour un et un pour tous

Y luego el tiempo pasó por allí…

De éxitos a fracasos, de grandes victorias a ilusiones perdidas, no es tanto la naturaleza la que ha cambiado, más bien es la humanidad la que ha evolucionado. Evolución. Palabra maestra que gobierna el mundo de los hombres.

Unos 80 años más tarde (de hecho, lo que dura una vida humana), ¿qué queda de este ideal, de este blandir de banderas y de estos puños alzados? ¿Imágenes, recuerdos, convicciones?

La naturaleza todavía está aquí. Tiene sus leyes que la razón ignora. Y las viñas que fueron plantadas antiguamente para hacer felices a los hombres producen hoy en día todavía los frutos de este trabajo.

En nombre de todas estas mujeres, en nombre de todos estos hombres que supieron tomar el destino entre sus manos, mostrarnos que atreverse no era una palabra vana y que la felicidad es ante todo lo que se hace de ella, ahora que es nuestro turno cultivamos este grano de locura… bautizado Riberach.